jueves, 4 de junio de 2009

La poesía es un arma cargada de futuro.



Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quién no toma partido
partido hasta mancharse.

(G.C.)

miércoles, 3 de junio de 2009

La Feria del Libro de Madrid 2009.


Todas las mañanas cruzo el parque del Retiro. Ahora están las casetas de la Feria del Libro de Madrid. Están cerradas, desiertas de gente y del repertorio de sandeces de algunos supuestos escritores y de sus supuestas intenciones solemnes. En otro orden de cosas, ahí están los seguratas de ¿Prosegur? y unos vigilantes y vigilantas, regordetes y regordetas, de amarillo que expresan profunda simpatía en ese noble destino que es custodiar los lotes de libros que los proveedores madrugadores depositan al pie de los mostradores.
Ahora hay muchos vehículos rondando y me aplico en tener cuidado en no chocar contra uno de ellos. Se nota que va llegando el verano, voy leyendo los carteles rojos y blancos de las casetas: “Fábula”, “El Corte Inglés”, “Antonio Machado”, “Visor poesía”…qué dificultad, que destino de trabajos, de libros, de sueños… Zafón anda por ahí firmando, Icíar Bollaín por acullá… luego hay otros… Victoriano Viñuelas, Javier Yanes, JuanMa Castaño, nombres tal vez ejemplos de maestros o rufianes pero que inconscientemente se diluyen en mi mente.
Todos los días reparo en unas fotografías de gran formato colocadas en unos soportes en el paseo. Voy con mi bici y en la proximidad descrita a esas vallas es como pasar hojas de una revista deprisa, algunos inválidos viejecillos como capones se plantean tareas más minuciosas y los tengo que esquivar. Cuando termino de recorrer la Feria, como cada mañana, esa larga serpiente de opiniones y testimonios, respiro, salgo de nuevo al pequeño mundo.
La vuelta, es al revés.

lunes, 1 de junio de 2009

Huellas en la niebla.


Cuando dejo en ese camino embarrado mis huellas. Precedo a mi muerte. La duración del tiempo es tan inquietante y sutil… Los instantes de las primaveras se exilian para siempre en este inconcebible paraíso.
Hablo con mi madre últimamente como en esos múltiples trozos que un día deje de cultivar, entre lágrimas que recorren mi rostro impasible y mis más altas confesiones de amor por ella. Un puñado de recuerdos se agolpan entre las más de sesenta pulsaciones por minuto. Como parte cierta, en su progresivo deterioro, trato de escuchar con más profundidad, de hacerla llegar mis simpatías y mi extensión infinita. Por causa común a toda la esfera humana converso como tratando de recuperar el tiempo perdido, de recrear aquellos momentos tan valiosos en los años perdidos. Su sueño era que su hijo la queriera. Eso si ha ocurrido. El resto son palabras y abrazos, besos irresueltos como cuando intentaba protegerme del inmenso peligro.
Incorporo a mi mente sus manos desconocidas con descripciones de la vida, de sus conceptos magmáticos. Recupero el olor del pasado que lleva consigo. Que extensa es. Su consagrada vida a su marido e hijos no la han amargado. Silenciosa, casi nada ha esperado de nosotros, solo lo esencial.
Escribo con la esperanza de unirme a ella en la oscuridad cuando llegue porque será así… y encontraré sus huellas en la niebla.

martes, 26 de mayo de 2009

El Marido de la Gemma Nierga


Entre las tareas hogareñas que realizo, me redimensiono cuando escucho la radio. Me permite no aburrirme. En ese problema de conciencia que supone elegir una emisora, escucho a Gemma Nierga que mantiene su indispensable sonrisa cada tarde en “La Ventana” de la Cadena Ser.

Su generosa presencia, no solo el placer de comunicar ideas, crea sensaciones favorables al amor. Su voz inspira conversión, cada posible palabra llega desde la geometría precisa. Al que admiro, verdaderamente, es a su desconocido marido.

En todo caso, sinceras felicidades a los dos.
.

jueves, 21 de mayo de 2009

La Conversación (1974) de Francis Ford Coppola.



«Cuando veo a uno de esos pobres viejos, siempre pienso lo mismo: pienso que una vez fue un niño pequeño, que tendría un padre y una madre que le querrían mucho. Y ahora, mírale derrumbado en un banco callejero. ¿Dónde está ahora su padre, su madre, su familia?»

Este comentario de un personaje femenino de la película de Francis Ford Coppola me intrigó siempre. Esta reflexión simple e inocente me dejó en un estado de obnubilación.
“La conversación” es un thriller de suspense donde el espía profesional Gene Hackman recibe el encargo por parte de un magnate de investigar a su joven esposa. Las escuchas sobre las vidas ajenas cobran la dimensión de traumas personales, de experiencias miserables. Se suceden diversas estrategias en ese territorio del espionaje secreto y se van desgranando las historias desde diversos puntos de vista. Lo particular está en peligro y los enfoques sobre las cosas se esconden y afloran como en todas las guerras humanas.
Esta conversación enarbolada al principio de este post me provocó desazón y una suscitada y permanente controversia. La observadora imparcial, desde la lejanía de una posición privilegiada, se percataba de la existencia de los “Homelessness”. Me conmovió sinceramente. Pienso en esa imagen sutil de un padre y una madre que quieren mucho a su hijo. En definitiva, en las mismas cosas que tu.

martes, 19 de mayo de 2009

Nos encontraremos otra vez.

Una canción de la II Guerra Mundial y Stanley Kubrick:

Nos encontraremos otra vez,
no se donde,
no se cuando,
pero estoy seguro
de que nos encontraremos otra vez
en algún día soleado
Sigue sonriendo
como siempre solías hacer
hasta que los cielos azules
hagan huir lejos a las negras nubes.

Acaba de morir Mario Benedetti.

Aquella tarde crucé Madrid protagonizado por una mujer. George no me ubicaba. Quedábamos a escondidas. Cogí el 28 y las ilusiones se reflejaban en los cristales oscuros. Mare había llegado de Oriente esa primavera como una flor de cerezo. Nos conocimos gracias a George y vislumbramos las coordenadas eternas del amor a través de la imagen exclusivamente. Cuando nos pusimos a conversar un arco iris se desplegó. Amaba a Benedetti. Fuimos amantes.

Habíamos quedado esa tarde y no sé porqué, me bajé unas paradas de autobús antes. Me apetecía pasear y estaba la Feria del libro en el Parque del Retiro. Recorrí el paseo principal dónde las casetas se hallaban asediadas por las masas de lectores. Algunos autores firmaban ejemplares y se producían extrañas conexiones. De repente, vi a Mario Benedetti. Menudo, encañonado por los diálogos de verdaderos admiradores y enfrentado placidamente a los diversos procesos que allí transcurrían. Con su trabajo, con su gente, con sus puestas de sol... allí estaba.

En un esfuerzo mínimo me permití agarrar un libro de sus poemas y sosteniéndolo como pude, se lo acerque. “A Mare, por favor. Quiero se lo dedique a una persona sobre la que usted ejerce un raro poder”. Benedetti alcanzó el libro con la compresión de un arquitecto ante un arco de medio punto. Analizando rápido la petición y con la sensibilidad alargada a su puño, escribió algo sencillo. “Espero que su amiga comprenda”.

Con ese tesoro bajo el brazo marché hacía el lugar de la cita, la iglesia de Los Jerónimos, muy cerca del Museo del Prado. Cuando Mare vio el libro sonrió, con la deliberada sonrisa de una musa. No tenía ni idea de lo que iba a ocurrir.

(a principios de los 90)

viernes, 13 de marzo de 2009

La vida de los Otros

Llego corriendo de la calle, llueve. Me asalta una duda. Es posible que esté. Maldita sea, para qué demonios habré cogido el ascensor. El trayecto se me hace eterno, no parece que vaya a llegar nunca. Por la nuca me corren unas gotas de sudor frío, las manos dejan escapar agua a borbotones. Mi imagen, reflejada en el espejo de dentro de la pequeña caja, me muestra el borde del abismo al que me hallo sometido. Por fin, se para. Primero la contrapuerta y no me atrevo a empujar. Salgo al descansillo convirtiéndose la hazaña en otra gran pesadilla. La puerta de la casa, dolorosa, cerrada, cobra venganza. Sé que es circunstancial pero mis rodillas se acogotan, se pliegan y parece que voy a caer al suelo duro. Meto la mano en el bolsillo, tengo una acumulación de objetos extraños, constato que es preciso seguir buscando en ese retroceso infinito por los huecos de las cada vez más difusas ideas. Todos estos mecanismos extraños que me acompañan los encuentro por los diferentes bolsillos de mi abrigo, ¡aquí están las llaves!, se introduce una de ellas en la cerradura, giro y me abrazo a la familiaridad del marco acolchado. La televisión está encendida, espectral, el reloj marca la misma hora de siempre y Él esta allí. Alimentándose de mi comida, durmiendo en mi cama, recopilando información de mi vida. Estimo que ha quedado dormido porque no se mueve, parece ausente pero está ahí y su terrible enfermedad, alrededor suyo se despide una difícil atmósfera. Tengo dificultades para respirar, debo de pasar sigilosamente. Esta noche no cenaré. Saco un aparato de esos que me dan la invisibilidad. Me contentaré con descansar en un regazo de la despensa. Debo de ser coherente, no debe notar mi presencia, no hay otra elección. El tiempo juega a mi favor. Algún día desaparecerá.
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Toda historia tiene un reverso.
Fotografía que acompaña a este post: "La vida de los otros", película germana de 2006 y dirigida por Florian Henckel-Donnersmarck.

martes, 30 de diciembre de 2008

Esther Tusquets (Barcelona, 1936).


Llegan libros como este de Esther Tusquets: “Habíamos ganado la guerra” que se agradecen. La complejidad histórica-biográfica que narra la autora la acepto y no busco fisuras, no puedo desencudriñar soluciones tras las palabras de las que se intuye sinceridad. Es imperioso no ir más allá del proyecto de la escritora pues sería plantear cuestionamientos personales, me alcanza eso si, las virtudes de una persona que relata vivencias sin más, sin temor a los convencionalismos. También soy consciente del riesgo a equivocarme.
Lo que logro captar del libro son los movimientos de cambio a lo largo de una vida, sin renunciar al pasado ni a la heterogeneidad de las circunstancias. Es de reconocer la descripción crítica que hace sobre la rigidez de las normas sociales, sobre la hipocresía de la sociedad privilegiada de la clase burguesa en la Barcelona de la posguerra y el desencanto de esa pretendida buena moral. Las elipsis en esta historia no merecen la pena pararse a pensar. Ya está, es así. ¡Oh, las críticas! que infunden tanta obsesión por colonizar los vaivenes ideológicos.
Después he leído alguna entrevista a Esther Tusquets y el personaje se me ha vuelto más interesante. Me he enterado que padece Parkinson (nació en 1936) y la amargura repercute en mi, en saber de cualquier desgracia, que se me acaben desvelando estas sistemáticas destrucciones de las personas. En el fondo, supongo será su último viaje, quedarán sus libros que nos mantendrá vivos y las personas que la conocieron

Zorori, el extraordinario.


Gracias a Logan estoy al día de la extraña difusión de los dibujos animados que cubren parte de los trayectos de mi utopía televisiva. Los habitantes esporádicos del salón son ahora los héroes de Clan TV: “Zorori, el extraordinario”, “Pretty Cure”, “Código Lyoko” y “Vickie, el vikingo”.
En esta “republica independiente de mi casa” el fútbol y el cine pasan a otro plano de la realidad, al paraíso soñado en otra jurisdicción, a la casa de mi vecino jubilado. Logan y Thor, durante estas vacaciones navideñas, están en esa fortaleza que dan las series del canal infantil, es la cara de la Globalización.
En las incursiones que hago por los episodios de las aventuras del Gran Maestro Zorori no hay arrepentimiento. Confieso que son un descubrimiento aunque, alejados de aquellos horizontes idealizados de las series o películas de cuando era niño. No queda más que tratar de dosificar estos universos animados y retornar al confortable planteamiento de unas vidas sin desencanto y sin malicia, y dar preponderancia al mundo de fantasía de “esos locos bajitos que se incorporan” a nuestras vidas.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

“La Celestina” (1499) de Fernando de Rojas.


Melibea a Calixto

“Tú lloras de tristeza, juzgándome cruel; yo lloro de placer, viéndote tan fiel. ¡Oh mi señor y mi bien todo! ¡Cuánto más alegre me fuera poder ver tu faz, que oír tu voz! ... Limpia, señor, tus ojos, ordena de mí a tu voluntad”.

martes, 23 de diciembre de 2008

Acertijo.


Logan me espeta: “corre de día, lucha de noche ¿Qué es?”. Ni p. idea.

lunes, 22 de diciembre de 2008

El viaje de Sisibu.(1ª parte).


Recuerdo el momento de la partida. Salí entre unos cantos enormes, semiesféricos que se agolpaban en la entrada de la galería principal. En menos de un instante, se agolpaban no menos de quinientas compañeras que por grupos, abandonaban ordenadamente nuestro emplazamiento subterráneo. El arco que habían logrado construir los “cisnes” trazaba una armoniosa curva con una justificada precariedad de elementos sustentadores. Ofrecía el color de la sepiolita tan abundante aquí y se mezclaba con una gigantesca raíz de saúco que en una tarde se deslizó por encima de nuestras habitaciones en la colonia. Algunas “ganaderas” hacían marchar pulgones delante de ellas y las “reds” se conducían enérgicamente por las galerías de emergencia, impulsadas por la alarma de una “buscadora” que había sido taladrada en el abdomen por una oruga Cucullio. Las “buscadoras” parecían mirar al sol buscando una orientación correcta y las “reds” que perdían el control con facilidad se abalanzaban sobre ellas a degollar a las más titubeantes. Los pulgones quedaban paralizados de terror y algunos bloqueaban algunos pasos decisivos. La entrada de la colonia aparecía plagada de extremidades trituradas y cabezas infortunadas, desgajadas por las fuertes mandíbulas de las “reds”. La sucesión de este paisaje tenebroso prendía mi sensitiva cabeza de miedo. En la extremidad de la colonia a cientos “guans” de distancia, recordaba vagamente a Seseta. Se había perpetuado como “cuidadora”, a merced de la Reina, y no corría ningún peligro. Seseta lo había entendido perfectamente cuando juró obediencia suprema a la monarca y sustrajo de su pensamiento las corrientes de viento fresco que azotaban nuestros cuerpos oscuros o el calor solar tan apreciado por nuestra queratina. La completa calma, el gas carbónico y la constante temperatura eran ahora parte de su imperecedera existencia. Gracias a mi absoluta convicción, yo no quise ese destino cruel, no cesaba de circular y al cabo de un rato note una áspera sensación de aislamiento. Sondee el espacio terrenal que me rodeaba con mis antenas y conducida por mi instinto, atisbé una de esas estrellas que aparecen en el horizonte al caer el sol.

(Continuará…)

domingo, 21 de diciembre de 2008

Ismael Serrano (1974).


foto: Ismael Serrano Morón.


Se puede afrentar dignamente los tiempos acelerados que vivimos. El dominio de la poesía, de la letra de una canción, nos establece nexos con épocas pasadas y con los sutiles cambios que van produciéndose día a día. A Ismael Serrano lo descubrí en el 95 o 96, por un casual, en un Festival Universitario en Madrid. Actuaba en una carpa que pusieron enfrente del rectorado de la Politécnica en la calle Ramiro de Maeztu de Madrid. En el escenario sonaban las palabras e invitaba su voz emocional a escuchar. Me hice resistente a abandonar el sitio de partida por la barra del bar. Y no me equivoqué, aquella tarde tomé buen rumbo a la estrella polar. En realidad hubo división de opiniones porque un autor genera situaciones distintas y combinables entre el público.
Al cabo de los años es de advertir que Ismael Serrano ha tenido un papel esencial en la historia de la música actual española. Su afán por expresar un discurso, una declaración de principios o sencillamente una sincera colección de canciones ha servido como punto de partida para muchos jóvenes. Es un elemento más de nuestra cultura, de nuestra lengua, de nuestra manera de entender el universo, de nuestra manera de descifrar la realidad. Seguramente es así y si no, nos quedará el placer de sentir.


viernes, 19 de diciembre de 2008

El sopapo.


Aquel niño se detuvo frente a la maestra. Sin pararse a pensar, se encontró en el área de batida de la señorita Luisa. A la mente no calculadora de la instructora le llegó un indicio de un comportamiento impropio. A Luisito le impulsaba estar cerca, lejos de los matones de la clase, y concebía las circunstancias personales de manera sencilla. La señorita Luisa, susceptible esa mañana por una intangible noche de pasión amorosa no correspondida, no acababa de recuperar la compostura. Un gesto de rabia contenida y acritud añadía a su lamentable vestuario una imagen patética. Luisito apareció por el patio perseguido por dos pillos. La maestra, hundida por el momento deprimente, se acerco a Luisito. Le propinó un sopapo de tres pares de cojones sin venir a cuento, el niño acabó dando dos vueltas y media en el aire antes de incrustarse contra el suelo. Se hizo un silencio tremendo o peor aún, inolvidable.